Requiem por el bachillerato espaņol
[ 25 de septiembre de 2010 ]
 
 
 

Tenía que pasar y pasó. Nuestros gobernantes, en su falaz empeño de disminuir las tasas de fracaso y abandono escolar mediante una rebaja del nivel de exigencia, han ido minando desde abajo y poco a poco el propio nivel de la enseñanza que se imparte.

Quedaba solo el bachillerato como la única etapa en la que se daba a nuestros hijos una preparación medianamente aceptable; pero ya le ha tocado el turno para intentar enmascarar el tremendo problema del fracaso escolar en España –situado a la cola de Europa en materia educativa– como indican los informes PISA o el de la OCDE. Rebajar el nivel de exigencia en la educación es malo para todos. Desmotiva a los alumnos y les incita a un mayor absentismo, al carecer de consecuencias suspender cuatro asignaturas. Para los profesores, supone un flagrante desprecio para su labor docente y disminuye su autoridad. Y para los padres, porque va en contra del valor del esfuerzo, en el que intentamos educar a nuestros hijos que, a la postre, son los grandes perjudicados por estas medidas.

Pese a que el Bachillerato se articula en dos cursos, se permite que «los alumnos podrán permanecer, en régimen ordinario, durante cuatro años, consecutivos o no». Podríamos sintetizarlo en: 1º, 1º Bis, 2º y 2º Bis. De ahí al Título, con todos sus efectos laborales y académicos. Con cuatro asignaturas suspendidas se puede pasar de curso. Esta idea genial es considerada por el Real Decreto «una novedad signifi cativa», que supone una mayor flexibilidad. Efectivamente, el alumno ha gozado de flexibilidad pero habrá cerrado muchas puertas al trabajo: ¿se prepara para la Universidad si pasa así el bachillerato? ¿se encontrará esa misma flexibilidad en su vida laboral? Evidentemente, no.

Por otra parte, la medida provoca un caos organizativo descomunal para los centros al tener que compatibilizar horarios, profesores, aulas con el caos de asignaturas de un curso y otro que tendrán muchos alumnos. Ello, obviamente, irá en detrimento de la calidad de la enseñanza. Pero la reforma del Bachiller no se queda ahí; sino que, además, supone una drástica reducción de los conocimientos y de la formación que se imparte a los alumnos de esa etapa; lo que va en detrimento de su preparación tanto personal como académica. Veamos unos ejemplos:

Por introducir la dichosa Educación para la Ciudadanía, se reducen a mínimos los contenidos de Filosofía (la metafísica no existe) para dar paso a la ciudadanía con un claro objetivo: fundamentar filosóficamente la Educación para la ciudadanía. El Real Decreto dice así: «...continuando el estudio de la ciudadanía planteado en la etapa obligatoria, pretende retomar lo que es la ciudadanía y reflexionar sobre su fundamentación filosófica». Se crea una nueva asignatura –común para letras y ciencias– con un título muy pomposo «Ciencias para el Mundo Contemporáneo» pero con unos contenidos claramente adoctrinadores cuando no absurdos, entrando en el pantanoso terreno de la bioética sin el más mínimo fundamento moral.

La mayor perjudicada, quizá sea la Historia de España de 2º. La Historia Moderna y Contemporánea cobran fuerza en los contenidos, mientras que toda la Historia hasta el siglo XIX se concentra en un solo tema que abarca desde las Hispania Romana hasta el siglo XVIII y los primeros Borbones, –los reinos Visigodos, Al- Andalus, los reinos cristianos, la Reconquista, los reinados de Carlos V y de Felipe II…– capítulos que, al menos en los contenidos mínimos, ya no se recogen de forma expresa y quedan camuflados en conceptos más genéricos de la Historia.

Desaparece por completo la formación en el esfuerzo, en la superación de uno mismo, se manipula ideológicamente, se rebaja el nivel de exigencia, se recortan los programas y contenidos. Todo ello, como siempre, en perjuicio de la formación de nuestros hijos. En fin, descanse en paz el Bachillerato español.

Carmen Castells

 

 
 
 
     
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